Francis Rueda: “El teatro me ha sensibilizado al mil por ciento con el ser humano”

Caracas, 13 de marzo de 2017.- Francis Rueda es una actriz de amplia trayectoria. Su amor por la actuación la ha llevado a participar tanto en el cine como en la televisión, sin embargo es el teatro lo que más ama. Inició sus estudios actorales en la escuela Juana Sujo cuando era adolescente y desde entonces no se ha bajado de las tablas.

Actualmente forma parte del nuevo elenco estable de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), anunciado a finales del año pasado. De este modo vuelve a su casa para seguir con el oficio que ejerce desde hace más de 50 años y que pretende continuar por el resto de su vida. 

Para comenzar esta nueva etapa decidieron realizar el montaje de la emblemática obra El Pez que Fuma, que a 40 años de su primer estreno vuelve a las tablas bajo la dirección de Ibrahim Guerra, cuya visión imprimió un carácter más agresivo y real a la dramaturgia original del maestro Román Chalbaud.

Es así como la obra, que a partir de mañana formará parte de la programación del Circuito Teatral de Caracas, toma los espacios del Teatro Nacional para deleitar a caraqueñas y caraqueños con la historia de ese no-lugar llamado El pez que fuma y su matriarca, La Garza.

¿Qué significa para usted pertenecer al elenco permanente de la CNT en esta etapa de relanzamiento?

—Yo pertenecí a la Compañía en los años 80. Estuve 9 años allí como primera actriz y desde el 84 hasta el 91 hice muchísimos trabajos. Luego desapareció el elenco estable y se empezaron a hacer espectáculos con actores invitados. Siempre peleé con todos los ministros y con la gente de la compañía, en el buen sentido de la palabra pelear. Peleé junto a Aura Rivas y Costa Palamides para que volviera a renacer ese elenco estable que es importantísimo en cualquier compañía nacional, hasta que por fin se dio con el ministro Freddy Ñáñez y Alfredo Caldera, y fue maravilloso porque ahí retomamos eso que queríamos.

—Empezaste el año actuando en una obra emblemática. ¿Cómo te sentiste interpretando a La Garza?

—Para esta pieza Ibrahim Guerra hizo una versión más real porque en la obra de teatro original todo es como más sugerido y esta versión es mucho más agresiva. Fue un trabajo duro, en especial para mí. Fue un trabajo fuerte que nunca había experimentado porque trabajé con el libreto hasta el último momento para así familiarizarme con los personajes y los compañeros y lograr esa interrelación. Yo estaba muy asustada, primero porque ese es un personaje que hizo Hilda Vera y me parece que estaba sensacional, ella era una actriz muy inteligente, bellísima e intuitiva, sin embargo yo quise hacer  una Garza distinta. El personaje de La Garza es un personaje muy fuerte, tú ves que a ella lo que le importa es el dinero y el sexo. A mí me costó mucho asumirlo y fue un trabajo durísimo, pero con la ayuda del director lo logré. Él me ayudó mucho y se lo agradezco, hablábamos mucho sobre el personaje y  cada escena fue trabajada minuciosamente.

Háblanos de tus comienzos en el teatro.

— Fue muy difícil porque yo venía de una familia muy conservadora. Era muy jovencita, imagínate tú, era prácticamente una adolescente de 15 o 16 años y para mí fue duro ese primer encuentro con el teatro, que era lo que me gustaba porque yo fui al teatro a los 12 años con un actor al que conocí y que me llevó a ver una obra en el Teatro Nacional. Ese feedback del público espectador y  ver las luces y el vestuario, todo eso me embriagó de una manera que yo dije: “oye, cómo me gustaría hacer esto”. Así empecé con mis estudios de teatro en el año 65 y tuve muy buenos maestros, entre ellos Gilberto Pinto que años después fue mi esposo y fue uno de los más grandes maestros que tuve en mi vida.

— Has experimentado varias facetas en estos 50 años de carrera, ¿cómo valoras tu evolución?

—Ha sido en todos los aspectos. Por ejemplo, en el teatro recuerdo que antes se ensayaba 3 o 4 meses y se presentaba 1 solo fin de semana y era horrible porque quedabas con el gustico. El espectador asistía muy poco, yo hice funciones con 2 o tres espectadores en un teatro gigantesco, pero después fueron creciendo los espectadores y fui creciendo como actriz porque nunca dejé de reciclarme, en esta profesión uno nunca termina de aprender. El teatro ha progresado y ha mejorado  la cantidad de gente joven y emergente como dramaturgos, actores y directores; es bellísimo ver todo lo que ha nacido y lo que ha surgido.

—¿Qué recuerdas de tus años en la televisión y en el cine?

La televisión fue un poco traumática para mí al comienzo. Empecé de a poquito a hacer personajes pequeñitos, pero allí es distinto todo, hasta los compañeros. Recuerdo que había más competencia en la época en la que yo empecé y fue como muy difícil y traumático para mí ese comienzo, después todo cambió y fue excelente, a veces me decían: “hablas muy fuerte” y claro, uno va empezando a conocer todo. El cine fue un descubrimiento maravilloso, fue más complicado porque en el cine tienes que conocer el personaje perfectamente porque si el director quiere se empieza desde el final, pero uno siempre se adapta. Hay quienes dicen que hay actores para cine, para teatro y televisión,  yo creo que el que es buen actor es bueno en todo.

—¿Qué cosas cambiaron en ti durante esa trayectoria?

—Ha habido una trasformación enorme. El teatro ha creado una mayor seguridad en mí, nada más con montarte en un escenario y exhibirte allí frente a un público te hace ser una persona más fuerte. Fíjate tú que todavía, con todos los años que tengo haciéndolo siempre hay ese miedito antes de empezar la obra. También me he sensibilizado el mil por cierto más con el ser humano, con la gente, con el prójimo, con mis compañeros con los que comparto en el escenario y con la gente de la calle, esa sensibilidad me hace querer ayudar a la gente y solidarizarme de alguna manera.

—¿Qué ha sido lo más significativo que has aprendido de tus compañeros en las tablas? 

Siempre, la gente que viene antes que uno, te deja conocimientos y cosas muy buenas. Yo he compartido con profesionales como Fernando Gómez, Alexánder Milic, Berta Mocalvo y Aura Rivas, pero  fue mi esposo Gilberto Pinto quien me enseñó hasta el final de su vida, siendo un hombre tan respetuoso y tan profesional, el amor por lo que hago. Si tú no tienes amor por lo que haces no tiene sentido que lo hagas, él me enseñó eso, me enseñó que el teatro era sagrado, que era la trinchera que tenías que defender hasta el final, que el teatro siempre estaba en crisis pero que no iba a morir nunca porque siempre se salvaba. Él me enseñó eso junto a la responsabilidad y la verdad.

—¿Cuáles son tus planes para este año?

La compañía me absorbe todo, sin embargo me deja tiempo para hacer otras cosas. Ahorita tengo el proyecto de un cortometraje muy interesante con unos cineastas que son los hermanos Rodríguez, ellos me llamaron para un cortometraje sobre una poetisa venezolana. Con la Compañía Nacional  de Teatro voy a montar tres obras, y vamos a empezar a ensayar una tragedia griega basada en varias obras de teatro griegas y troyanas que va a dirigir Costa Palamides.

Texto: Ciudad Caracas / Fotos: Jacobo Méndez

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