Caracas, 21 de mayo de 2016.- El Insigne venezolano Andrés Eloy Blanco, nació en agosto de 1896, vivió su infancia en La Perla del Caribe, la Isla de Margarita, su pubertad, adultez y profesionalización en la capital, para luego ejercer la abogacía en el llano apureño, por poco tiempo, pues tenía un compromiso con sus ideales románticos y patrióticos.
Oriundo de Cumaná, estado Sucre, Andrés Eloy Blanco, insigne poeta venezolano, dejó su huella en todos los aspectos que pudo: cuentista, dramaturgo, periodista, biógrafo, ensayista, insigne orador, abogado, político, poeta y humorista, son las facetas que dejó conocer por las cuales hoy se le recuerda.
Sus obras literarias le hicieron merecedor de innumerables galardones, por los que es mundialmente reconocido. Dentro y fuera de las fronteras venezolanas se destacó por su talento para la escritura y la oratoria, recibió el galardón de los Juegos Florales de Ciudad Bolívar en 1916, por uno de sus primeros poemas «La espiga y el arado», más adelante en 1923, recibió el primer premio en concurso promovido por la Real Academia Española de la Lengua, en la ciudad de Santander (España), a la cual concurrió con su «Canto a España» para ser nombrado miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras en 1924 y posteriormente viajar a Cuba donde se reunió con exiliados venezolanos e intelectuales cubanos.
Su vida política también destaca en su historia, formó parte del grupo de estudiantes universitarios que se alzaron en contra de la dictadura del general Juan Vicente Gómez en 1928, lo que le trajo como consecuencia 5 años en prisión “La Rotunda”.
Su estadía en prisión le permitió interactuar con campesinos y obreros no letrados, quienes le inspiraron a escribir un sinfín de obras, que dieron pie al movimiento denominado por él como «colombismo», el cual consiste en emplear un tratamiento de la realidad con una actitud descubridora del poeta ante el contacto con la realidad americana.
Andrés Eloy Blanco tuvo una notable vida política que le ocasionó el destierro de su patria, por lo que habitó primero Cuba y posteriormente México, donde falleció en un accidente automovilístico el 6 de mayo de 1955. Para honrar su talento literario en 1973, el Congreso Nacional ordenó realizar una edición de sus obras completas, en 10 volúmenes, 5 de los cuales recogen su labor periodística, que contiene crónicas y ensayos cortos, en la edición también están contenidos sus discursos, que son de excelente calidad, pues el insigne se destacaba en el arte de la oratoria.

Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 2 de julio de 1981, en el 61 aniversario de la desaparición física de este embajador de la cultura y el talento venezolano, se le rinde homenaje y se le recuerda con un extracto de sus más famosos escritos:
Píntame angelitos negros
Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero.
Texto: María Teresa León – Foto: Archivo
