Una invitación a Calderas y la VII Bienal Nacional de literatura “Orlando Araujo”.

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Caracas, 16 de agosto de 2016.- Con una carta dirigida al Fondo Editorial Fundarte recibimos la invitación a la VII Bienal de literatura Orlando Araujo, a realizarse en Calderas, Estado Barinas. Para el Festival de poesía de este año habíamos editado una nueva versión de Glosa de piedemonte, y en el depósito nos quedaban unos cuantos números de Compañero de viaje. 

 

Íbamos en una camioneta serpenteando montaña arriba, pues Calderas se adentra al menos una hora y media de Barinitas, cruzando ríos, subiendo por las laderas andinas a una Bienal de literatura, esos encuentros que realizan para encontrar las dimensiones musicales, verbales, plásticas, y de expresión con el protagonismo de las formas literarias. Donde se expone la artesanía de un viajante y la realizada por los promotores y activadores culturales; se presentan libros y periódicos hechos por el Concejo Editorial Popular, donde se reflexiona sobre la importancia estratégica de consolidar espacios para la comunicación popular y la promoción de la lectura.

La mesa que dispusimos con los libros de Orlando hubo que reponerla tantas veces que nos alertamos se quedaría vacía antes de finalizar la Bienal. Efectivamente, así sucedió. Eso solo puede entenderse al observar lo que genera la figura de Orlando Araujo y como moviliza a personas de todo el país para que se junte a leer, a conversar, a trabajar por una noción de país y a conocer proyectos, pero principalmente a revitalizarse.

Cada noche de la bienal termina con un recital de poesía, la danza de un pájaro que recuerda a Ramón Palomares, con un arpa retumbando en la casa de los cuatristas y cantantes incansables de recias canciones llaneras, con el custodio de una calle silenciosa. En las mañanas, las calles no callan y por ellas cabalgan los niños de la escuela con sus caballos de madera al que cada uno le puso el nombre que quiso: “patria”, “neblina”, “rayo”.

Una mañana bajaron Careto y Pablote, personajes de uno de los textos más conocidos de Araujo y por los que seguramente, todo el pueblo acabó con los ejemplares de los libros del escritor. Los actores, todos habitantes del pueblo de Calderas, llegaron a la plaza Bolívar y actuaron la resistencia del toro y su compañero ante la ley, respondiendo Pablote siempre con un flamante verbo poético. Estalló en aplausos, el público se abrazaba, y como para pasar el efecto de tanta alegría, se quedaron en la esquina todos, riendo y cantando con un cuatro. Algunos tenían brillosa la mejilla y desde lejos se podía ver que era de lágrimas. Se escuchó decir sobre esto que cuando los poetas lloran de alegría, es que todo salió de maravilla.

Los encuentros como estos no pretenden ser y decir. Hacen posible, desde un trabajo de base comunitario sostenido y humilde, que se pueda seguir estimulando el encuentro de la palabra y el pensamiento, premiando la producción literaria nacional y promoviendo la lectura, encontrando al pueblo todo, desde el niño a la escritora, del poeta y estudiante joven a uno de los más longevos habitantes del pueblo.

Seguiremos acompañando las actividades como la Filven, la Feria del libro de Caracas, las Bienales de literatura tanto en Caracas como en el resto del país, para compartirle nuestro catálogo de obras en las que presentamos una visión de ciudad y un rostro de país. Es el compromiso que asumimos desde la Alcaldía de Caracas para integrarnos a las políticas públicas de la promoción del libro y la lectura que surjan como política de Estado.

Texto y fotos: Leonardo Perdomo

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