
De San Agustín a San Bernardino, Caracas se une en un solo latido para rendir homenaje a la Cruz de Mayo. Una manifestación de fe, color y tradición que hemos mantenido viva por años, de generación en generación, y siempre con el mismo amor infinito.

Los altares se visten de flores, los tambores repican con fuerza y las voces se elevan en fulías para agradecer las bendiciones y pedir por las buenas cosechas y la salud de nuestra gente. No es solo una celebración; es la prueba viviente de nuestra identidad y de la devoción que nos une como comunidad.

¡La tradición no muere cuando se lleva en la sangre!
