Prólogo
En 1921 aparece la primera edición en alemán del Tractatus logico-philosophicus del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (1889-1953), un trabajo meditado en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, en la cual el intelectual de raíces judías decide participar como voluntario, a pesar de estar impedido por una hernia y sufrir trastornos depresivos que colindaban con el suicidio. Wittgenstein cae prisionero en Italia y es llevado a campos de concentración, donde durante nueve meses escribe el Tractatus, obra que pretende hallar los límites de la expresión del pensamiento tomando como estudio central el lenguaje. El Tractatus logico-philosophicus, su único libro publicado en vida, es considerado uno de los escritos más complejos de la filosofía moderna; es conciso y enigmático, e inaugura lo que se ha dado en llamar el Movimiento Analítico.
Con la poca humildad que conceden los prólogos propios o ajenos, sostengo, si bien con incertidumbre, desde mi valoración como autor, que El diario inédito… está inserto dentro del género o la «forma» que llamamos poesía. No obstante, poesía o no poesía, esa no es la cuestión; lo importante y vital es que es expresión artística. Esto en diálogo a la apreciación hecha por amigos lectores que le han adjudicado un énfasis filosófico, quizás por la obvia 10 / Fredy Yezzed razón de inventar mi propio Wittgenstein y sumergirme en la veta expresiva que subyace en sus trabajos. Insisto, por este motivo, que la carne que alimenta este libro es expresión lírica, mirada personal y abismo propio.
La obra que presento toma el sistema decimal a partir del cual está organizado el Tractatus, tabla o línea de una estructura del pensamiento, que en algunos casos es dislocada y caótica como el divagar de la imaginación y las preocupaciones, pero que busca una relación íntima y, en el fondo, una poesía que revele —como creo que intenta todo artista— la tragedia del hombre actual. Son siete capítulos en los cuales se deslindan espacios físicos y espirituales que me acompañan —y me explican a mí mismo— de mi vida, mis lecturas y la particular asimilación de la obra de Wittgenstein. El diario inédito… es poesía bañada siempre de desencanto, sufrimiento y duda, pero también de vida y esperanza. Tal vez quiero decir que este libro es para mí como un par de muletas: me ha ayudado a dar un paso, me ha ayudado a sobrevivir.
